sábado, 8 de marzo de 2008

Mi estancia en Valladolid II

Mi jubilación llegó 47 años más tarde, sirviendo leal y honradamente al mismo Banco, al que hicimos el primero de España hasta que un mal nacido casi lo arruinó.

Fui destinado al Negociado de Cartera. Al frente del cual estaba un santo – Valentín Martín Casado – soltero de unos 32 años, que había sido liberado de ir al frente ( de batalla) por ser imprescindible en retaguardia. Cuidaba de su madre motivo por el que no se había metido a fraile.

De los siete que componíamos el Negociado 3 o 4 eran jóvenes como yo. Ni qué decir tiene que Valentín nos catequizaba convirtiéndonos a todos en beatos, acompañándole de vez en cuando, al salir del trabajo, para rezar el Rosario.

Desde entonces profeso una intensa fé católica, ajustando en lo posible, mi comportamiento a esa fé, intentando ser honrado con mi mismo, y con los demás, por lo que, a sabiendas, nunca he hecho mal a nadie; y he ayudado en lo posible, a quien lo ha necesitado.

Protegido por el Cielo, ni la pobreza me ha amargado, ni después el bienestar me ha envanecido. Somos como el Sol que nace con la Aurora, llega a su Cenit y después describe un arco hasta desaparecer por el horizonte. Al llegar aquí lo único deseable es que tu vida se vea con brillante color como esas Puestas de Sol que tiñen de rojo intenso los cielos.

Sí, como todo hombre que piensa, tengo mis dudas en lo religioso, pero no influyen para nada en mi comportamiento. Los Cielos con miles de años luz se mueven con la precisión de un reloj; y las semillas de un solo árbol son capaces de hacer un bosque, y cada vez que nace un animal o un ser humano lo considero un milagro.
¡ Libertad! ¡ Cuántos crímenes se cometen en tu nombre! . Cuántas madres matan a sus propios hijos y en su propio vientre! . Asesinas. Algunos de estos infelices niños ya tienen 6 o 7 meses. Con sus manos, con su corazón latiendo y quizá ya con sus propios pensamientos. Como no nacen niños españoles, tienen que venir a ocupar los puestos de trabajo gentes de otras razas, otras lenguas, otras costumbres.

Y a eso lo llaman PROGRESO. Si sigue mucho tiempo este “progreso” desaparecerá la en otro tiempo gloriosa nación española.

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