Mi estancia en Valladolid V
Una vez a la semana asistíamos a la reunión de la Organización Juvenil de Falange Española de las J.O.N.S. (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas). La primera fundada por José Antonio Primo de Rivera, las segundas por Onésimo Redondo.
En estas reuniones recibíamos instrucción militar con fusiles de madera y se nos instruía en los principios del Movimiento Nacional. Tenían lugar en la calle de Los Doctrinos. Después contaré el motivo por el que dejé de asistir a ellas.
Al frente de la O.J. (Organización Juvenil) estaba un hombre bueno, Victor Fragoso del Toro que después ocupó cargos de Gobernador primero en Palencia y creo que después en Burgos.
Colaboraba con el él su hermano Jesús. (Chuchi) muy conocido periodista en los siguientes años, especializado en asuntos deportivos. Era un hombre de gran inteligencia y agudo pensamiento. Pero su celebridad llegó a la cumbre con motivo de los premios a la natalidad que anualmente otorgaba el Caudillo. Chucho ganó uno de estos premios cuando tenía l4 ó l5 hijos.
Cierto día asistía Chuchi a un acto que se celebraba en el Teatro Calderón. El conferenciante era José Antonio Girón de Velasco, ministro del Gobierno de Franco. Iba acompañado por la que todavía entonces era su novia. Alguien creyendo que estaba sola, se dirigió a ésta de forma algo grosera. Nunca he visto y jamás veré a un hombre recibir tantos disparos verbales, a cuál más ingenioso. Era una ametralladora que disparaba sin piedad sin ninguna palabra fea o disonante . Aquel pobre hombre agachó la cabeza y desapareció avergonzado sin pronunciar ni una sola palabra.
Cierto sombrío día, ya reunidos en la calle de los Doctrinos llegó tarde uno de nuestros camaradas, un niño de l3 ó 14 años. Había sobre la mesa un vaso de aceite de ricino que Chuchi le obligó tomar. Nunca olvidaré la cara de aquel pobre muchacho. Entonces reflexioné: “ Si esto hacen con los suyos, que no harán con los otros”. Cualquier día me toca a mí. Y nuca más asistí a aquellas reuniones ni colaboré en nada. Mi espíritu libre nunca podía aceptar aquellas coacciones.
Estábamos en plena guerra y una decisión de este calibre tenía cierto peligro. Así que me matriculé en la Escuela Superior de Comercio a fin de estudiar Profesorado Mercantil, por libre, dado que seguía ocupado en el banco, y al mismo tiempo ingresé en la Congregación Mariana – Los Luises- de los Jesuitas.
Contaré en el próximo capítulo mis incidencias en ambos lugares.

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