martes, 26 de marzo de 2013


COSAS MÍAS



URIARTE



LAS HORDAS DE ADACOLAU



Estas hordas de acosadores también se indignan cuando se les indica que en España sabemos mucho de acoso tras la experiencia vivida coil persecución etarra





o creo que el término de hordas agrade

.



• a Ada Colau aunque se ajuste perfecta mente a los grupos de acosadores liderados por ella que persiguen y agraden a los políticos del PP. Y es que los extremistas tienden a ser muy sensibles hasta con las palabras, cuando les afectan a ellos mismos. Por eso esta líder de los acosadores se ha indignado cuando Cristina Cifuentes ha recordado el apoyo de Stop Desahucios a una manifestación a favor de los «derechos» de los asesinos de ETA celebrada en enero en Bilbao, si bien a la hora de escribir estas líneas no ha desmentido tal apoyo.



Estas hordas de acosadores también se indignan cuando se les indica que en España sabemos mucho de señalamiento y acoso domiciliario a través de la experiencia vivida con la persecución etarra. y, sobre todo, es fácil imaginarles otra indignación aún mayor, la que les provocaría un acoso a ellos mismos. Seguro que en ese momento Ada Colau dejaría de llamarlo escrache, lo denominaría acoso y correría a denunciarlo a la comisaría más cercana. Y, por supuesto, no sería capaz de entender que hubiera ciudadanos deseosos de cam-







biar España con métodos antidemocráticos y violentos. Como los de, ella, pero contra ella.



La diferencia entre esos potenciales acosadores de Colau y-sus hordas es que las segundas son reales y los primeros, hipotéticos. Más que nada porque la extrema derecha es irrelevante en España mientras que la extrema izquierda es crecientemente fuerte. El éxito de Ada Colau es un nuevo indicador. Hasta tal punto que un periódico socialdemócrata incluso planteó en los últimos días un debate sobre la legitimidad del acoso a los políticos. Que es como plantear un debate sobre la legitimidad del acoso sexual. ¿Argumentos a favor y en contra? Debatan ustedes. No es lo mismo, dirán en este punto, y no, no es lo mismo. La diferencia es que los acosadores de Ada Colau acosan con motivaciones políticas. Ya se sabe, como el crimen de Fernando Buesa: político, según Bildu. Y -es que se ponen las motivaciones políticas por delante y se puede justificar cualquier violencia, como de hecho se hace.

Y llamarlo democracia, como también se hace.

con el argumento de que lo que tenemos no es una democracia auténtica ni el Estado de Derecho es real. Lo explica muy bien el joven diputado de ID Alberto Garzón, llamado a ser uno de los líderes políticos e intelectuales de esta extrema izquierda cómo lo es Colau de las hordas callejeras. En su libro La gran estafa (2013) está desplegada la visión política de la extrema izquierda comunista y anticapitalista que quiere acabar con la democracia y el Estado de Derecho. Golpeando a la «ideología dominante», escribe Garzón, con el 15- M, el Sindicato Andaluz de Trabajadores o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.



El comunismo de Garzón se reúne, como todos los comunismos actuales, con otros grupos extremistas de origen diverso. Pero lo que no se puede es llamarlos fascistas como hacen algunos cuando quieren horrorizarse ante movimientos antidemocráticos, como si la palabra comunismo fuera más digna aunque los regimenes comunistas asesinaran mucho más que los fascistas. Las hordas de Ada Colau no son fascistas, son comunistas, en todo caso. Y tienen mucho más éxito social que el fascismo.



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