lunes, 7 de abril de 2008

Mi estancia en Valladolid VII

Hay un dicho en Castilla que reza así: “ Nueve meses de INVIERNO y tres de INFIERNO”. Puedo asegurar la certeza total de este DICHO. Luchar contra el invierno era difícil, no así en verano contra el calor. El río Pisuerga nos ofrece sus aguas para nadar, de puente a puente. Puedo asegurar que es inolvidable experiencia nadar bajo el puente Colgante porque impone ver encima esa gran armadura de hierros y cemento. Es agradable bañarse en el Canal de Castilla cuyo cauce no llega a cubrir la altura de una persona normal, a no ser por el limo que hay en el fondo, y lo es menos en La Esgueva por su pequeño caudal.

Transcurría el año 1939 y la guerra continuaba. En la retaguardia se vivía muy bien y en paz y como el egoísmo humano es tan grande, algo alejados de las noticias del frente y de las inútiles muertes que a un lado y al otro todos los días sucedían.
Pero amigos; en Agosto de 1939 yo cumplía 18 años, a cuyo edad se movilizaba a los jóvenes y se les envíaba a las trincheras. Os puedo asegurar que el egoísta desinterés se transformó en un interesado MIEDO con mayúsculas, que aumentaba sin cesar a medida que iban pasando los meses. Creo que ya he contado que el Regimiento San Quintín – la Incubadora – que era el de Valladolid envíaba los jóvenes a la guerra, de la que algunos al mes de salir volvían para ser enterrados. Si alguien me lee no dudará en lo justificado de mi miedo.

Tuve la fortuna que el 1 de Abril de aquel año se leyó el último parte: “ESPAÑOLES, LA GUERRA HA TERMINADO”.

NUNCA, NUNCA MAS, debéis los españoles oir las voces insensatas que llamen a la lucha. Quien esto haga,!Maldito sea!. La guerra es la acumulación de todos los males, de todos los infortunios, de todas las desgracias.

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