Mi estancia en Valladolid IX
Ni Revoluciones, ni Patrias de un partido político, y mucho menos Religiones deben ser motivo de guerras, de matanzas, de asesinatos.
El espectáculo de esa parte del ISLAM que justifica el asesinato y el suicidio en nombre de Dios es deplorable. La bondad infinita de Dios o Alá, no lo pueden permitir.
Me impresiona la caradura de aquel padre que dijo – ante el cadáver de su hijo autoinmolado – tengo nueve hijos más, ojalá que todos hagan lo mismo. Pero sinvergüenza, porqué no te inmolas tú, cretino. Y lo mismo hacen los curas de esa religión. Con sus largas vestiduras, parecidas a las sotanas de nuestros sacerdotes, incitan a sus fieles a matar o autosuicidarse. ¡ Qué poco conocen a Alá! Dios es amor; nos ha hecho a todos en su pensamiento desde el principio de los tiempos, y después nos ha dado la vida. ¡ Cómo algunos se atreven a quitarla!? Y menos aún, usando su santo nombre.
No han evolucionado. Se parecen como una gota de agua a los cristianos de la Edad Media. Recordemos Las Cruzadas.
Ya poco más puedo decir de mi estancia en Valladolid. Son gentes de fuertes convicciones, honestos, cumplidores de sus deberes, de su trabajo, de su casa, de sus hijos. Con decir gentes castellanas, basta. Son España.
Allí se formó mi carácter. Gracias Valladolid.
Poco a poco llegó el año 1943, donde fui llamado a filas. En el sorteo me tocó Africa, Melilla de cuya estancia daré cuenta seguidamente.
¡Adiós, Valladolid!

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