Alicante I
MI VIDA EN ALICANTE I
Tuve mucha suerte al licenciarme en el otoño de 1945. En lugar de incorporarme al trabajo en la sucursal del Banco Español de Crédito, de Valladolid, donde ya no tenía ningún familiar – mis padres residían en Alicante, sitio que le habían recomendado los médicos a mi madre por sus achaques – me puse en contacto con la sucursal del banco en Alicante. No era fácil conseguir el traslado. Había bastantes represaliados – eran años de post-guerra- que fueron trasladados, como castigo, a sucursales de Valencia y Cataluña, principalmente, y que tenían solicitado volver.
La suerte consistió que en aquellos momentos había un equipo de inspección en la sucursal. Le expuse mi situación al Jefe del equipo y al contestarle afirmativamente algunas preguntas relacionadas con el trabajo vió que era la persona que él necesitaba. Me prohibió exprésamente mi incorporación a Valladolid, y a la semana ya me encontraba trabajando en la sucursal de Alicante.
La sucursal se encontraba en la calle San Fernando nº 30, - donde hoy está instalado el Conservatorio de Música. El local era oscuro y no reunía condiciones. Si se añade que la luz eléctrica provenía de un grupo electrógeno que producía una luz rojiza y a veces también oscilante, y que entonces no existían máquinas de sumar ni ordenadores, como ahora, se llega fácilmente a la conclusión que el trabajo era muy duro y enervante, y para débiles de carácter depresivo y muy triste.
La paga era raquítica. Un Auxiliar con tres o cuatro años de servicio ganaba 300 pesetas al mes que no llegaban para pagar una Pensión. Los que vivíamos con nuestros padres pase, pero los que eran de otras provincias tenían sus padres que envíarles dinero para poder vivir. Eran tiempos difíciles aquellos de post-guerra, pero los hacían más difíciles aquellos banqueros sin escrúpulos, aquellos estraperlistas que hicieron su Agosto, aquellos usureros de todo tipo que surgieron por doquier. Muy conocidos eran los prestamistas que pedían interés de 1 peseta por cada duro ( 5 pesetas). Tenías que devolverlo a partes iguales a partir de la semana siguiente a la del préstamo.
Teníamos un único traje. Se nos obligaba a ir al trabajo con traje y corbata. Era normal los sastres que te hacían el traje y se lo pagabas en doce mensualidades.
El de mi familia se llamaba Paco – Cierto día me estaba probando un traje, cuando me pareció que tocaba más de la cuenta en el sitio donde se unen las dos perneras. Al decirle ¡ Ya está bien ¡ cesó inmediatamente en sus tactos. Pero ya nunca más me hice un traje a la medida con él,
Cierto tiempo después, hablando con mi padre que continuaba vistiendo con él le advertí “ Ten cuidado” es maricón perdido.
Como contrapartida de todo esto, hay que decir que la vida en Alicante era estar lo más cerca posible del Paraíso. El clima de esta ciudad es increíble, si le añadíamos nuestra juventud no se podía dar un binomio mejor. Mi temporada de baño comenzaba el día de San José – 19 de Marzo – y terminaba el 8 de Diciembre – día de la Inmaculada. Nuestra jornada de trabajo comenzaba a las 9 de la mañana, pues bien, a las 7 ya estábamos alquilando una barca en el puerto que nos trasladaba al muelle más alejado y principal. Allí nos zambullíamos y volvíamos nadando hasta el Club de Regatas junto al Paseo de la Explanada.
Cierto día el miedo se apoderó de nosotros. Estábamos nadando cuando dos animales enormes saliendo del agua a unos 20 metros de nosotros dieron un impresionante salto. En el Mediterráneo no se conocen estos animales, así que con el corazón fuera de órbita nadamos con todas nuestras fuerzas y velocidad a buscar refugio en la barca. Ya a salvo, ante otros saltos de los animales, comprobamos que eran dos delfines muy grandes sí, pero totalmente inofensivos. Respiramos aliviados.
Teníamos en la Sucursal un simpático cliente. Era norteamericano, y había sido marino toda su vida. Repartía chicle por todas las mesas. En su barco había recorrido todo el mundo muchas veces. Su barco dejaba la carga en un puerto y allí contrataban llevar otra que los llevaba a cualquier puerto del mundo. Estos barcos tienen un nombre especial que ahora no recuerdo, tram, o algo así. En sus viajes visitó cierta vez Alicante y tanto le gustó el clima que se propuso cuando se jubilara venir a residir aquí, como así lo hizo. Cierto día me comentaba “ Cuando le hablen de las islas Hawai o de otras del mundo entero como las mejores del mundo, no haga Vd. caso. El mejor clima del mundo está en Alicante”
“Alacant, es la meyor terra del mond”. Alicante es la mejor tierra del mundo, dicen los alicantinos. Llevo aquí 60 años y pienso que quizás tengan razón, pero hay que irse de ella, si no eres joven, en los meses de verano. Julio, Agosto y Septiembre. Yo así lo hago y me voy esos meses a la sierra de Madrid.

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