miércoles, 14 de mayo de 2008

Como los banqueros quieren el dinero para ellos, los empleados siempre hemos estado rozando la miseria. Las pagas siempre han sido escasas, mas bien, miserables.
No hemos tenido más remedio que dedicarnos a otras ocupaciones fuera de las horas de trabajo si queríamos llegar a fin de mes y conseguir ir por la calle con un poco de dignidad. Unos llevaban contabilidades ; otros vendían libros, otros administraban fincas y algunos como yo dábamos clases para ingreso en la banca.
Eran clases de gramática, ortografía, mecanografía, geografía, cálculo mercantil , contabilidad y legislación mercantil principalmente.
Estuve doce años dando clases a los Botones del banco, y me pagaban 50 pesetas al mes por cada uno. De la miseria no salíamos.
Todos ellos, menos uno, alcanzaron puestos de directores e interventores en el banco, y alguno llegó a ser Director General de un departamento.
Me siento orgulloso de haber cogido a unos chiquillos mal educados y haber hecho de ellos hombres responsables de sus familias y de su profesión.
Más tarde tuve ocasión de dedicarme a la venta de discos como delegado de una marca entonces muy conocida y empecé a ganar algún dinero de verdad, por eso de que vale más onza de trato que arroba de trabajo. Aconsejo a quien le pueda leer y sea joven que se dedique a comprar y vender, aunque sean cucarachas, si quiere prosperar algo, por que trabajando no saldrá nunca de “Pan y peshe”, pan y pescado en castellano.
Los ahorros que conseguí entonces hacer los invertía en acciones, del Banco Español de Crédito, principalmente.
Cierto domingo estaba oyendo Misa en la iglesia de los Salesianos. Cuando alguien me dijo: ¡Vende ¡ . ¿ Qué vendo, le contesté ¿ Y otra vez, e insistiendo ¡Vende!. Entonces salgo de mi , y me doy cuenta que estoy hablando con alguien a quien no puedo ver.
La orden fue tan clara que al día siguiente lunes, a las 9 de la mañana que era la hora de entrada, ya estaba dando la orden de venta de mis acciones, por cierto, contra la voluntad y consejo del Jefe de Valores que me dijo ¡ Estás loco, van a subir mucho en poco tiempo!.
Las acciones se vendieron en el transcurso de la mañana, a un cambio superior al de la cotización de aquel día, que fue el punto máximo de la curva, que comenzó a declinar hasta cotas muy bajas, hasta el punto que tuvo que intervenir el Gobierno respaldando a Banesto para que éste no cerrara, por la mala gestión de un presidente innombrable y para olvidar.
Mi hija, que tiene muchas gracia, cuando hablamos de este episodio, se ríe abiertamente de mí, diciendo que tengo un Agente de Bolsa que me aconseja desde el otro mundo.
Como me ha pasado lo cuento. Pienso que estamos tan juntos los de aquel mundo y los de éste, que alguien que desde allí me proteje, me aconsejó hacer lo que hice.
A mí alguien me habló, quien quiera creer que crea, y el que no quiera pues que no crea. No sé quién me habló, pero me habló, y no estoy tonto ni soy dado a imaginaciones.

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