LA CRUZADA ZAPATERIL
LA CRUZADA ZAPATERIL
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Sigue el acoso ya poco disimulado a la Iglesia de España.
Esta vez empiezan con el Valle de los Caídos. La llegada de grupos organizados gritando “ Esa cruz hay que volarla” con la aprobación y autorización previa de la “Autoridad” refleja sin duda alguna – para los que ya peinamos canas – el inicio y repetición de los angustiosos años, a partir del 31, que sufrimos los católicos por el laicismo de aquellos malvados que nos gobernaron en aquella mal llamada República, que de república no tuvo nada, si tenemos en cuenta que este nombre va unido al de libertad.
Hace poco, el Papa actual hizo referencia a la persecución que sufrió la Iglesia en España en los años TREINTA, muy preocupado de su repetición en nuestros días.
En aquellos años Pío IX comparó la situación de España con la persecución que sufrían los cristianos en Méjico y Rusia.
Y no era para menos; fueron las iglesias quemadas, los sacerdotes arrojados por la violencia de sus casas y condenados al hambre, el derribo de monumentos religiosos, la ofensiva contra el Crucifijo – como ahora – las procesiones tiroteadas, las multas a predicadores que no olvidaron un momento su misión, las blasfemias a gritos por la calle y un largo etcétera que llegó ya en la Guerra, a fusilar y matar por todos los medios a Obispos, sacerdotes y cualquier persona que fuera católica.
La desastrosa cadena de errores del zapaterismo parece el más grave el permitir, o al menos iniciar, la repetición de tal cúmulo de horrores.
Y es que no son ateos o laicos. Son creyentes laicistas.
Un verdadero ateo, le importa un pito lo que hagan los católicos.
Cuando ve un cura se sonríe escéptico, y cuando ve una procesión encoge sus hombros. A él ni le va ni le viene. Procura llevar una vida digna, cumplir en su profesión honradamente, y dar limosna, si se presenta a los pobres. A mi me parece que en su momento será bien recibido en el Cielo.
Pero éstos que nos gobiernan, a pesar de que el Estado es laico, ellos son laicistas. En el fondo de su alma creen en la Virgen de su pueblo, y en el Cristo que atacan, y que odian, y que a lo largo de la Historia como hemos visto se han venido manifestando.
Ese odio se manifiesta de diversas maneras: Unos, los más bestias chillando desaforadamente – ahora le toca la Cruz del Valle de los Caídos – después si siguen las cosas así, ¡ Ya Veremos! Hay muchas iglesias y sobran curas.
Otros, mas sibilinos, empiezan por prohibir Misas en el Valle de los Caídos, alegando obras, y prohibiendo también visitas turísticas.
Pero se les ve la patita, mejor dicho la garra, que no es la de un lobo, sino la de muchos tigres que acercan su aliento maloliente.
¡ Y se atreven a hablar de libertad!
¡España, querida Nación mía, que mala suerte la tuya!
