Melilla IV
MI ESTANCIA EN MELILLA IV
Mi estancia en Melilla duró 36 meses, demasiado tiempo para un joven.
Me sentía preso, aislado e indefenso, sujeto a un Código Militar que te ataba de pies y manos contra lo que nada podías hacer.
Menos mal que la comida era buena y abundante dentro de la calidad de lo que es un rancho militar.
No se me olvidará cuando a los 11 meses se me dio mi primer permiso para ir a Alicante ciudad en la que residían mis padres. Cuando mi madre sirvió la comida, ésta consistía en un plato de verdura frita. Mi sorpresa saltó al comprobar que eran ¡ peladuras de judías verdes ¡ Y ante la pregunta ¿Qué es esto?. La contestación rápida ¡ No hay otra cosa ¡ . Pero que crees? Las dificultades para encontrar comida son muy grandes. Fueron los terribles años de la post-guerra, la maldita post-guerra civil agravada y mucho por la guerra internacional que duró hasta el año 1945.
Al incorporarme al Ejército en 1943 todavía estaba en fila la quinta de 1937. Es decir que nos juntábamos los soldados de siete quintas. Siempre me extrañó que el Gobierno mantuviese tantos soldados en filas, con lo que esto aumentaba el presupuesto. Al pasar los años comprendí que el motivo fuese mantener al menos alimentados a tantos jóvenes que pasarían hambre al licenciarlos dada la escasez de empleos y la consecuencias de protestas y manifestaciones que la dictadura querría a toda costa evitar.
No había uniformes para reponer los gastados y sucios que llevábamos después de varios meses. Me enteré por el cabo furriel que había 4/5 uniformes disponibles para casos excepcionales ante la posible visita de inspección de una jerarquía superior. Y pensé ¡ Voy a intentar conseguir uno!
El Capitán Mayor era un gran militar que siempre había estado en la Legión.
Después del saludo de rigor le dije “ Mi capitán: He venido desde Valladolid a Melilla a servir a mi Patria, lo que hago a gusto. Pero mire este uniforme ¿Vd. cree que hay derecho que una persona decente pueda llevarlo?. El Capitán comprendiendo mi punto de vista, sonrió y sacando una naranja del cajón – que estaría con la comida que todos los días le llevaban a probar – me la dio diciendo “Vete, que ya estás bien atendido”. A mi vez sonreí con afecto, y tras un respetuoso saludo, me marché sin el soñado uniforme.
Había en Mayoría un sargento que todo el Batallón le apodaba “Pinchauvas” no me preguntes porqué.
Cierto día entró en la primera oficina, y me dijo: Van a trasladar 80 soldados del Batallón, a otro de Infantería en Bétera ( Valencia). Como tú eres de Alicante ¡Porqué no le pides al Capitán Mayor ( su Jefe) que nos destine a ti y a mí para llevarlos a su destino?. Debía yo tener más prestigio del que suponía, cuando un sargento me pedía hacer esta petición. Así que la hice al Capitán Mayor con la excusa de que así podría ver a mis padres y ¡ cuál no sería mi sorpresa cuando el sargento “pinchauvas” – ignoro su nombre – y yo fuimos destinados a tal cometido.
Llevamos los soldados a Bétera. Yo me fui a mi casa y él no sé dónde, fijando nuestro encuentro en Málaga en una determinada fecha, a fin de embarcarnos de regreso a Melilla.
De Alicante a Granada se tardaba un día entero. Yo con mi fusil al hombro entre los demás viajeros. Hice noche en Granada. Recuerdo que el dueño de la pensión me despertó diciendo “ chacho, chacho” ya es la hora, y mi fusil conmigo a la cabecera de la cama
Llegué al encuentro con el sargento a Málaga sin que nadie, pero nadie, me preguntara porqué iba solo con un fusil al hombro, a pesar de ser una severa dictadura la que nos gobernaba. 40 años duró y puedo afirmar que ni de militar ni de paisano habiendo viajado por toda España y visitado todas sus Capitales en tan extenso tiempo, nunca ninguna autoridad o policía me pidió la documentación.
Fue siempre una Dictadura blanda, excepto para los Comunistas tratados con la mayor dureza al igual que si fueran demonios.
También fueron tratados muy dúramente los Masones que ahora, en el año 1985 que escribo estas líneas parece que han vuelto a levantar la cabeza y gallear. Se dice que este Gobierno que preside Zapatero está regido por ellos. Ya veremos.
Un domingo asistía a Misa acompañado de una chica. Lo pasé horrible, ya que los piojos me corrían por la pantorrilla, y pensé “ Si ella lo supiera”
Después de seis meses habíamos logrado desembarazarnos de los piojos.
Cierto día se me informó, como Cabo de la Compañía de Destinos, que el ciclista seguía teniendo miseria. Le advertí muy seriamente que se duchase más a menudo.
Era una excelente persona. No volví a recibir quejas de él.
Fue muy gratificante conocer tanta gente y tan diferente. Procedíamos de todas las provincias de España, sin excepción, pues cada provincia tenía un cupo que obligatoriamente tenía que destinar a nuestro Batallón.
De todos ellos, los valencianos nos parecían los más raros. Formaban un clan separado, hablaban en valenciano, se peleaban y tenían en general mala uva.
Leyendo a Blasco Ibáñez quizá se pueda comprender lo que acabo decir.
Después de 60 años viviendo en Alicante, ya los conozco mejor. No son tan mala gente como en principio creía, aunque sí individualistas y despreocupados. Aquí en Alicante hay un dicho “ YU YA” seguido de un encogimiento de hombros.
No eran así los catalanes. Buena gente y buenos compañeros. Hice amistad con varios de ellos.
Había gente para todo. Formaba parte de nuestro grupo un tal Bustillo, gallego.
Cierto día nos dijo “ Tengo una novia mora”. Como no disponíamos de tiempo libre, no podíamos imaginar cómo la había conocido. La novia le daba trozos enormes de jamón y “ jalufo” – tocino – que asábamos en la fragua y comíamos acompañados de buen vino. Lo pasábamos bomba.
Las casas particulares que había al otro lado de la calle, eran plantas bajas con un balconcillo de un metro de altura hasta la acera. Un día vimos saltar por el balconcillo a dos chicas moras, elegantemente vestidas, altas y esbeltas, el rostro cubierto por un velo traslúcido que resaltaba su belleza. Las seguimos por todo Melilla con la esperanza de saber qué se traían entre manos, que no sería nada bueno. Después nos dio vergüenza y las dejamos marchar. Su moro marido no me extrañaría tuviese la cerviz astillada.
En unas maniobras de todo el Cuerpo de Ejército pasamos muchísima sed. Se decía que algunos habían llegado a beber orines de los caballos, pero no lo creo.
El Jefe tenía en su tienda de campaña un barrilito con agua. Aprovechando su ausencia y jugándomela entré y me bebí un vaso que podía haberme costado un mes de calabozo.
Y aquí una anécdota increíble. Unos éramos Radios, otros Heliógrafos(espejos), otros Telefónicos, otros se ocupaban de las palomas mensajeras y de las mulas.
Dormíamos en el suelo cerca de la tienda del Jefe diez o doce de la Compañía de Destinos. Yo, que era Radio, no sabía ni papa, pues había dado tres o cuatro lecciones de Morse nada más antes de ser destinado a la Primera Oficina. A los demás les pasaba lo mismo.
Llegaban al General Jefe y demás tiendas, 8 líneas telefónicas con cables gordos como un puño.
Serían las dos de la mañana cuando un Ordenanza me despertó con la petición de que me presentara al Jefe. Se le veía muy nervioso. Coja varios soldados, me dijo, y arregle las líneas telefónicas que se han estropeado. ¡Este hombre está loco! pensé•
¿ Qué sabemos nosotros de líneas telefónicas?. ¡ A sus órdenes!, fue la contestación
Desperté a varios de mis amigos informándoles de la orden recibida. Venga, hombre, déjanos en paz, pretendiendo volver a dormir. No tuve más remedio que usar mis galones de Cabo y dándoles puntapiés y cabreado logré sacarlos al fresco de la noche. Caminamos por aquellos desiertos descampados unas dos horas, pidiendo al Cielo su protección ante la atenta mirada de las estrellas. Decidí volver e informar que no habíamos podido conseguir arreglar la avería. ¡ Cuál no sería mi alegría cuando al llegar se me informó que la línea ya funcionaba arreglada por empleados de la Compañía Telefónica y que podíamos acostarnos!
Dí muchas gracias al Señor Dios de los Cielos por haberme sacado del gran apuro en que las circunstancias me habían metido. ¡ Se trataba del éxito o del fracaso de las maniobras militares de todo el X Cuerpo de Ejército ¡ Unos 100.000 hombres.!
Quizás.
Solamente se puede comprender lo sucedido por la cabeza cuadrada que mi sobrina dice tienen todos los militares.
Podría escribir algunas cosas más, pero son desagradables. No merece la pena contar como algunos – pocos, por suerte – hacían su agosto durante el mes de cocina y atros utilizaban Machacantes que en algunos casos lavaban los platos o hacían la compra de estos inmorales.
El Banco Español de Crédito, me pagaba el 50% del sueldo, que para mí era suficiente y sobrante para mis necesidades. Trabajé en las oficinas de Melilla media jornada algunos meses, pocos, para cobrar el l00%, pero lo dejé. Al no compensarme el mucho trabajo que me reservaban. No merecía la pena tampoco aguantar algún Jefe imbécil que allí había.
Aproveché que daban permisos cuatrimestrales por estudios para irme a mi casa,
donde llegó mi licenciamiento.
