viernes, 28 de marzo de 2008

Mi estancia en Valladolid VI

Fueron aquellos años muy duros y a nadie se los deseo. Mientras duró la guerra,
en la Zona Nacional no escasearon los alimentos de primera necesidad. Estábamos bajo la Ley Marcial . El orden en todos los aspectos era total y el nivel de vida aceptable; pero al terminar en el año 1939 hubo que enviar a la Zona Roja (que ahora le llaman impúdicamente zona republicana, y digo impúdicamente por que allí ni había libertad ni democracia) alimentos de todas clases ante el hambre y escasez allí reinantes, por ser zona la oriental con preferencia industrial, aparte del desorden allí reinante con milicianos de todos los partidos y luchas intestinas de socialistas, comunistas, anarquistas y muchos istas más. Por ello en la Zona Nacional el año 1941 fue el peor. Siempre lo recordaré como el “año del hambre”.
Aprovechamos un permiso que le dieron a mi padre para venir a casa – ya dije que estaba en el frente reparando líneas telefónicas – y nos fuimos mi padre, mi hermano y yo caminando a un pueblo que está a 8/10 kilómetros al Norte de Valladolid. Nos enteramos que allí vendían “muelas” también llamadas guijas, que son una legumbre o especie de legumbre que normalmente se destina a forraje para el ganado. El agricultor que las vendía nos hizo primero limpiarlas en una gran máquina que trabajaba manualmente, y al precio entonces enorme de 2 ptas/kilo, cargamos a hombros cada uno de nosotros con l2/14 kilos.
El problema grande lo podíamos tener al llegar a la ciudad. Entonces existían los fielatos – donde se controlaba la llegada de toda clase de mercancías en cada ciudad y se pagaba un impuesto por ello - y allí nos podían requisar los sacos por que estaba prohibido y muy castigado la obtención de comida fuera de la que se conseguía con las cartillas de racionamiento. Ya era de noche cuando llegamos cansadísimos a las puertas de la ciudad y tuvimos la gran fortuna de que los funcionarios del fielato estaban controlando un camión allí aparcado y protegidos por el camión pasamos inadvertidos. Respiramos satisfechos cuando bajo la cama depositamos la legumbre por la que tanto habíamos luchado. Y digo bajo la cama por que se decía que había inspecciones en los domicilios, cosa que nunca pude comprobar ni en mi casa ni en las de mis vecinos.
Otros viajes hizo el pobre de mi padre para conseguir patatas y dejarnos medio provistos antes de volver al frente de batalla.
Desde entonces profeso una asentada antipatía hacia los agricultores que hicieron su agosto a costa del hambre de los demás. No puedo evitar levantar los hombros cuando se quejan. Por cierto lo hacen por todo. Por que no llueve; por que llueve mucho; por que la cosecha se ha secado; por que es excesiva; por que no hay subvenciones; porque unos tienen y otros no etc.etc. Las camas de acero o de hierro se pusieron entonces de moda, y los únicos que llegaban a ellas eran los agricultores
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martes, 25 de marzo de 2008

Mi vida en Valladolid VI

Mi horario bancario era de 9 a 2 por la mañana y de 4 a 7 por la tarde. Así que a las 8 de la mañana asistía a clases de Álgebra Financiera. El primer día el profesor cubrió en 5 minutos la pizarra con la división por A-1. Ninguno de los que estábamos allí teníamos ni idea de aquello que se explicaba a gran velocidad sin pausas como si repasásemos algo que debíamos tener aprendido de años atrás. La decepción fue enorme al pensar que sería incapaz de seguir aquellos díficilísimos estudios. Más adelante la realidad se impuso al comprobar lo fácil que era todo aquello.
La jornada diaria era de 11 o 12 horas, considerando que a las ocho de la noche asistía a clases de Alemán que terminaban a las 9, cuando había comenzado a las 8 de la mañana.
Fueron años de grandes esfuerzos y dificultades que sólo la firme voluntad de llegar a ser Profesor Mercantil podía superarlas,
Las dificultades económicas no eran menores. Había una asignatura denominada Ensayos y Valoraciones de Productos Comerciales, donde se analizaba en un laboratorio la riqueza de alcohol de un vino, la densidad en grasa de un aceite, o la ley y riqueza en oro, plata etc. Pues bien, los alumnos libres no podíamos pasarla si no asistíamos al laboratorio del Auxiliar de la asignatura. Yo lo hice un verano pagando 400 pesetas mensuales cuando mis haberes no pasaban en el banco de 250 también al mes. Era un abuso, pero no había otro medio de pasarla.
Más adelante hablaré del Catedrático de esta asignatura que era una persona de noble condición y sacrificado con sus alumnos, por lo que siempre dudé que tuviera conocimiento de los tejemanejes de su Auxiliar.
Lo cierto es que sin perder curso, estudiando en invierno y verano, pude terminar la Carrera siempre con nota, y sin un solo Aprobado raso. Ni qué decir tiene que siempre me he sentido muy orgulloso de ello sin contar la gran confianza en mí mismo que tal epopeya me había proporcionado. Muchos años más tarde mi hijo Jorge que seguía un Master al mismo tiempo que trabajaba. me expuso sus dudas de terminarlo, le apoyé y animé a que siguiera “aunque le costase la vida”. Antes de terminarlo felizmente, ya la Empresa le había asignado una suculenta subida en sus haberes.

Ya antes dije que había ingresado en la Congregación Mariana de los Jesuitas.
Mientras se estudiaba Bachillerato se pertenecía a los Kotskas y al comenzar
En la Universidad o Profesorado de Comercio se pasaba a los Luises, bajo el patronato de San Luis Gonzaga.

La única obligación era asistir a la Misa de la Congregación que tenía lugar los Domingos a las 9 de la mañana. Cuando fui por primera vez me llamó mucho la atención que todos eran hombres entre 20 y 30 años. Un total de 80 o 100. Pero más aún me llamó la atención que llegada la hora de la Comunión, todos, sin excepción, se acercaron al Altar. Aquello me parecía imposible quizá por que mi virtud no alcanzaba tales cotas.
Los Domingos siguientes pasó exactamente igual, y aquel ejemplo me sirvió para que después de muchos esfuerzos me llegara a considerar uno de ellos.
La biblioteca de la Congre “así la llamábamos”, una gran sala de 60/70 metros con vitrinas en las paredes llenas de libros de texto de todas las Carreras y de huesos para los estudiantes de Medicina. Estaba siempre llena de estudiantes que pasaban largas horas con sus libros, que alargaban hasta las mañanas de los domingos.
El alma de aquella obra era el Padre Arregui, un santo hombre a la que había dedicado su heredada fortuna. Contaba o cuenta también con sala de cine y campo de deportes, salas de billares y juegos, capilla etc.
Aquel ejemplo fue lo que me decidió a estudiar Profesorado, a pesar de carecer de tiempo material para ello.

martes, 11 de marzo de 2008

Mi estancia en Valladolid V

Una vez a la semana asistíamos a la reunión de la Organización Juvenil de Falange Española de las J.O.N.S. (Juntas Ofensivas Nacional Sindicalistas). La primera fundada por José Antonio Primo de Rivera, las segundas por Onésimo Redondo.

En estas reuniones recibíamos instrucción militar con fusiles de madera y se nos instruía en los principios del Movimiento Nacional. Tenían lugar en la calle de Los Doctrinos. Después contaré el motivo por el que dejé de asistir a ellas.

Al frente de la O.J. (Organización Juvenil) estaba un hombre bueno, Victor Fragoso del Toro que después ocupó cargos de Gobernador primero en Palencia y creo que después en Burgos.
Colaboraba con el él su hermano Jesús. (Chuchi) muy conocido periodista en los siguientes años, especializado en asuntos deportivos. Era un hombre de gran inteligencia y agudo pensamiento. Pero su celebridad llegó a la cumbre con motivo de los premios a la natalidad que anualmente otorgaba el Caudillo. Chucho ganó uno de estos premios cuando tenía l4 ó l5 hijos.
Cierto día asistía Chuchi a un acto que se celebraba en el Teatro Calderón. El conferenciante era José Antonio Girón de Velasco, ministro del Gobierno de Franco. Iba acompañado por la que todavía entonces era su novia. Alguien creyendo que estaba sola, se dirigió a ésta de forma algo grosera. Nunca he visto y jamás veré a un hombre recibir tantos disparos verbales, a cuál más ingenioso. Era una ametralladora que disparaba sin piedad sin ninguna palabra fea o disonante . Aquel pobre hombre agachó la cabeza y desapareció avergonzado sin pronunciar ni una sola palabra.
Cierto sombrío día, ya reunidos en la calle de los Doctrinos llegó tarde uno de nuestros camaradas, un niño de l3 ó 14 años. Había sobre la mesa un vaso de aceite de ricino que Chuchi le obligó tomar. Nunca olvidaré la cara de aquel pobre muchacho. Entonces reflexioné: “ Si esto hacen con los suyos, que no harán con los otros”. Cualquier día me toca a mí. Y nuca más asistí a aquellas reuniones ni colaboré en nada. Mi espíritu libre nunca podía aceptar aquellas coacciones.
Estábamos en plena guerra y una decisión de este calibre tenía cierto peligro. Así que me matriculé en la Escuela Superior de Comercio a fin de estudiar Profesorado Mercantil, por libre, dado que seguía ocupado en el banco, y al mismo tiempo ingresé en la Congregación Mariana – Los Luises- de los Jesuitas.
Contaré en el próximo capítulo mis incidencias en ambos lugares.

domingo, 9 de marzo de 2008

MI ESTANCIA EN VALLADOLID IV

A tantos ignorantes “progres” les recomendaría que, en silencio, se metieran dentro de sí mismos. Que meditaran las enseñanzas de Jesús en los Evangelios y que las aplicaran a sus vidas.

Y las complementaran con los pensamientos del poeta Max Ehrman (1872-1945) que aconsejaba:

Vive plácidamente, entre la premura y el bullicio, pero no olvides la paz que puedes hallar en el silencio.
Trata por todos los medios, menos la capitulación, de ser amigo de todos.
Expresa tu verdad serena y cláramente, y presta oído a los demás, incluídos los necios e ignorantes, que también ellos tienen algo que decir.
Evita el trato con personas ostentosas e imperativas, que conturban el espíritu.
Si das en compararte con los demás, podrías amargarte y envanecerte, pues siempre encontrarás personas que valen más que tú, así como otras que son menos.
.Disfruta tanto de tus logros como de tus proyectos.
Que el interés en tu trabajo, aunque éste sea muy humilde, se mantenga vivo; en los vaivenes de la fortuna, tu trabajo es un verdadero tesoro.
Procede con cautela en los negocios, pues en el mundo abunda el engaño, pero que ello no te ciegue para contemplar las virtudes.
Hay muchas personas que persiguen nobles ideales, y en todas partes la vida es rica en hechos heroicos.
Muéstrate tal como eres. Sobre todo no finjas el afecto que no sientas. Tampoco mires el amor con cinismo, pues frente a la aridez y al desencanto, el amor posee la perennidad de la hierba.
Sigue con gusto el consejo que te brinda el paso de los años y renuncia con gracia a los goces propios de la juventud.
Cultiva un ánimo esforzado que te escude contra la adversidad, por repentina que sea. Pero no perturbes tu espíritu con fantasías. Abundan los temores hijos de la soledad y la fatiga.
Exígete disciplina, pero sé dulce contigo mismo. Al igual que los árboles y las estrellas, tú también eres una de las criaturas del universo, tienes perfecto derecho a estar aquí. Y aunque a veces no lo entiendas, es indudable que el universo se desarrolla como ha de hacerlo. Por tanto, vive en paz con Dios, sea cualquiera la forma en que lo concibas; y cualesquiera que sean tus tareas y tus aspiraciones, consérvate en paz con tu alma en la turbulenta confusión de la existencia.
El mundo, a pesar de todas sus simulaciones, de su tráfago y sus sueños frustrados, es hermoso.
Sé prudente. Esfuérzate en ser dichoso.

sábado, 8 de marzo de 2008

Mi estancia en Valladolid II

Mi jubilación llegó 47 años más tarde, sirviendo leal y honradamente al mismo Banco, al que hicimos el primero de España hasta que un mal nacido casi lo arruinó.

Fui destinado al Negociado de Cartera. Al frente del cual estaba un santo – Valentín Martín Casado – soltero de unos 32 años, que había sido liberado de ir al frente ( de batalla) por ser imprescindible en retaguardia. Cuidaba de su madre motivo por el que no se había metido a fraile.

De los siete que componíamos el Negociado 3 o 4 eran jóvenes como yo. Ni qué decir tiene que Valentín nos catequizaba convirtiéndonos a todos en beatos, acompañándole de vez en cuando, al salir del trabajo, para rezar el Rosario.

Desde entonces profeso una intensa fé católica, ajustando en lo posible, mi comportamiento a esa fé, intentando ser honrado con mi mismo, y con los demás, por lo que, a sabiendas, nunca he hecho mal a nadie; y he ayudado en lo posible, a quien lo ha necesitado.

Protegido por el Cielo, ni la pobreza me ha amargado, ni después el bienestar me ha envanecido. Somos como el Sol que nace con la Aurora, llega a su Cenit y después describe un arco hasta desaparecer por el horizonte. Al llegar aquí lo único deseable es que tu vida se vea con brillante color como esas Puestas de Sol que tiñen de rojo intenso los cielos.

Sí, como todo hombre que piensa, tengo mis dudas en lo religioso, pero no influyen para nada en mi comportamiento. Los Cielos con miles de años luz se mueven con la precisión de un reloj; y las semillas de un solo árbol son capaces de hacer un bosque, y cada vez que nace un animal o un ser humano lo considero un milagro.
¡ Libertad! ¡ Cuántos crímenes se cometen en tu nombre! . Cuántas madres matan a sus propios hijos y en su propio vientre! . Asesinas. Algunos de estos infelices niños ya tienen 6 o 7 meses. Con sus manos, con su corazón latiendo y quizá ya con sus propios pensamientos. Como no nacen niños españoles, tienen que venir a ocupar los puestos de trabajo gentes de otras razas, otras lenguas, otras costumbres.

Y a eso lo llaman PROGRESO. Si sigue mucho tiempo este “progreso” desaparecerá la en otro tiempo gloriosa nación española.