Ahora algunas notas sobre mi trabajo en Banesto donde estuve 47 años.
Siempre he creído que la disciplina en el Banesto era superior de alguna forma a la que había tenido en el ejército, aunque aplicada de manera diferente. Lo cierto es que todos participábamos y nos sentíamos orgullosos de NUESTRO banco.
Tanto es así, que en la sucursal de Alicante donde éramos unas 130 personas nunca hubo necesidad de firmar a la entrada.
Cada uno o dos años, aparecía por la sucursal un equipo de inspección que, como es natural, controlaba todo desde el alfa al omega. Hasta aquí todo normal.
Se le ocurrió al Jefe del Equipo poner un funcionario a la entrada para controlar la llegada, que miró el reloj como recriminando mi llegada a las 8 y cinco, en lugar de las 8 en punto.
Como era normal un margen de unos minutos, mi indignación se subió al máximo, y chillando, de forma que toda la sucursal lo oyera exclamé: “ ¡Pero que se han creído estos tiranos!. ¡ Es que se creen que somos esclavos!. Hoy mismo, en cuanto salga, me voy al sindicato a presentar una denuncia!.
Al cabo de un rato, llegó a mí uno de los inspectores con el que yo tenía mayor contacto, para rogarme que no fuera al sindicato y que había sido un error que habían solucionado ya devolviendo a Madrid al funcionario que había originado el incidente.
Cuento esto para que las generaciones futuras sepan la gran protección que el denodado Sindicato Vertical nos deparaba, y lo arropados que todos estábamos, donde el despido de un trabajador era materialmente imposible. Y alguno de verdad abusaba de esta protección. Había uno que aparte de ser un “maltrabaja”, se daba de baja en la Seguridad Social durante varios meses pretextando dolores inexistentes e imaginarias dolencias, y antes de cumplir el año de baja, exigía de los médicos que le dieran el alta. Cuando la baja era superior al año, pasaban a cobrar el 75% del sueldo.
Trabajaba un mes o dos y volvía a hacer lo mismo. Así estuvo varios años.
Pero la seguridad y la paz que nos reportaba el sabernos protegidos, nos compensaba de algún modo, la escasez del sueldo, por otra parte normal en aquellos años de penuria.
Esa protección, en estos tiempos de libertad, prácticamente ha desaparecido. Las empresas contratan interínamente y los dejan cuando les conviene, y así se tiran muchos años. ¡ Ah, pero ahora hay Sindicatos libres!. Todos subvencionados por el Gobierno de turno.
Claro que los beneficios de las empresas se han disparado. Pero hoy tenemos más libertad.
Sé que es muy difícil encontrar el punto medio. Que el obrero y empleado se sientan libres y a la vez cumplan al máximo con sus obligaciones de trabajo; pero la defensa del más débil ha de ser primordial en todo Gobierno digno formado por hombres honrados y elegidos libremente.
Algunas iniciativas tuve, que repercutieron en las 2500 sucursales, y que ahorraron muchos millones al banco. Pero hablar de ellas se sale de la razón de esta pagina que no es otro que conozcan las generaciones futuras las condiciones en que se trabajaba en tiempos en los que no existían máquinas para sumar, y calcular; ni ordenadores, ni fotocopiadoras ni nada que pudiera ayudar en el cuadre de los números y cuentas.
